lunes, 26 de mayo de 2008

Gato por liebre


Fogones en pie de guerra SANTI SANTAMARIA Cocinero

Pues que está pasando con la cocina lo que ya pasó con otras artes, que estamos perdiendo muchos matices y mucha riqueza. Estamos sufriendo un proceso de colonización de la cultura anglosajona, que tiene como valor lo que denuncia George Steiner: que el dinero cuenta más que cualquier otra cosa. Venimos de un mundo cultural en el que hay valores mucho más profundos que el simple comercio, aunque éste sea muy saludable. Y el comercio es el que se hace en un mercado. Y detrás de un mercado hay todo un concepto de vivir la vida. Pero se nos está olvidando vivir, y nos estamos convirtiendo en turistas en nuestra propia tierra. La gente se pasea por medio mundo pero no conoce su propio terroir, su propia cultura. Y eso es triste......

Estaba con demasiados aditivos alimentarios. Ése es el gran mensaje: cómo una sociedad que alardea de tener una de las mejores despensas del planeta está primando de una forma exagerada incluso desde las propias instituciones públicas la aparición de una cocina artificial que está desplazando a los nuevos cocineros del mañana diciéndoles: "Si no van por aquí, son ustedes unos casposos y unos pasados de moda". Mal asunto. Por eso hacía falta un altavoz que dijera: "¡Ya está bien, vamos a parar, vamos a reflexionar y a vestir la cocina!".
el país 27-05-08
Somos lo que comemos.
Hace muchos años que los colores y los aromas de las bebidas y las comidas forman un extraño arcoiris, muy diferentes a como aparecen en la naturaleza. Que crecen fresas en el polo norte o caquis en el fondo del mar, en cualquier época del año.
También pensaban que las vacas y otros animales podían comer piensos tratados, es decir volverse carnívoros y murieron locas.
El uso de la química en la alta cocina igual es la causa de la megalomanía de los presidentes de las grandes empresas, o del mal gusto de la sociedad que aparece fotografiada en las revistas del corazón, que son los que se pueden pagar esas disparatadas cuentas de restaurantes de lujo.
Estoy seguro, que si no a ellos, si en sus hijos veremos alguna variación genética externa tales como escamas en la columna vertebral o branquias de gelatina.
De momento utilizar los tomates transgénicos como arma arrojadiza para denunciar el superego culinario, no esta nada mal. Es una manera de mantener la paz.
No es envidia.
Comer con Carlos es un placer.

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